
Lana
En la mañana de Acción de gracias, me levanto a las cuatro a.m. Teddy es una montaña dormida bajo una frazada gruesa cuando salgo de la habitación. La primera parada es nuestro baño privado. Después de ducharme y de seguir mi rutina de humectación de todo el cuerpo, me dirijo a la mesada del maquillaje. Uso una paleta de tonos vino para la sombra y un cepillo con un color cereza y contorno con bronceador y polvo iluminador.
Me rehicieron las trenzas en un tono borgoña degradé para el otoño, junto con una manicura que combina con rojo, naranja y brillos dorados en las puntas. Tengo un vestido para la cena familiar, pero llego un conjunto deportivo suave de color naranja calabaza de la línea otoñal de DiosaIndumentaria.
Para cuando salgo a la terraza a tomar una foto de mi atuendo «Otoño extraOrdinario», el sol se asoma por el horizonte.
La próxima parada es la cocina. Teddy programó la cafetera para que empiece a funcionar al amanecer. Me lleno de cafeína y luego saco mis platos rosas que hacen juego y todas mis sartenes y ollas. Los hermanos malvados me prometieron que se encargarían del pavo y de las tartas. Quiero hacer los rollos, el puré, los macarrones con queso, la salsa de arándanos, y las batatas como guarniciones. Tengo todas las recetas de mi abuela. ¿Qué tan difícil puede ser?
Dos horas más tarde, estoy sentada en el piso en medio de una pila de harina. Una de las bolsas explotó cuando luchaba por sacarla de la alacena. Mi atuendo y maquillaje están arruinados. Hay harina en mi rostro y en mi cabello. Parezco el fantasma de los días de Acción de gracia pasados.
El olor a humo se siente en el aire porque la salsa de arándanos hirvió en la cocina. Lo mismo pasó con la olla de papas peladas.
El microondas suena con un temporizador que puse. También el horno. Algo, en algún lugar, está listo. Debería saber qué.
La mezcladora de tamaño industrial, que no funcionaba cuando la prendí al principio, ruge cuando cobra viva. Se sacude tanto que tira masa por todos lados. Me levanto con un grito para contenerla, pero con un sacudón y un movimiento de zombi, se arroja a sí misma de la mesada y choca contra el suelo. Sigue viajando hacia la puerta. Está a mitad de camino antes de desconectarse a sí misma.
Me vuelvo a hundir en el piso lleno de harina. La cocina está arruinada.
—Sólo quería que todo fuera perfecto, —susurro.
Una sombra cae sobre mí, levanto la vista para ver la silueta arrugada por el sueño de Teddy.
#
Teddy
Lana me mira con lágrimas en sus grandes ojos café. Su labio inferior tiembla. Está cubierta de harina, de pies a cabeza. El aire huele agrio por el humo y el horno chorrea algún tipo de salsa roja. Parece que alguien asesinó a nuestra cocina e intentó prenderla fuego.
Me muevo alrededor de la isla de mármol, apago temporizadores, hornallas muy rojas, y la cocina. Prendo el ventilador y abro las ventanas para quitar el humo.
Una vez que estoy seguro de que nada activará la alarma de incendios, me agacho para tomar a Lana en mis brazos.
—Bebita, ¿qué es todo esto?
—Me levanté temprano para empezar a cocinar. Dije que haría los rollos y las guarniciones. ¡Ahora todo está arruinado!
Hay una masa marrón-grisácea que cae del techo. Eso debe ser lo que queda de la masa para los rollos. No sé cómo llegó allí, pero tendremos estalactitas de masa si no la limpiamos pronto.
—Nada está arruinado. Limpiaremos esto y haremos unas llamadas. ¿Qué sentido tiene tener siete hermanos si no delegamos?
—No, no les digas…
—Bebita, no tienes que trabajar tan duro para impresionar a la familia.
Su labio inferior vuelve a temblar y me doy cuenta de dónde sale su enojo. La traigo a mi regazo.
—No te preocupes. —Acaricio una mancha de salsa de arándanos para limpiar su mejilla—. Ma te amará.
—Sólo quiero que hoy salga bien. Ella es importante para ti y ha pasado tanto tiempo desde que la viste. Hoy será la primera vez en años.
—Eso es porque Matthias nos dijo a todos que le diéramos espacio a Ma para recuperarse de su hibernación. Sobre todo porque no quería que los trillizos entraran a su cabaña y terminaran con su paz.
Mi hermano incluso usó su voz de Alfa con nosotros. No suele hacerlo. Creo que no le gusta que su oso sea más dominante que los nuestros.
—Y ella nunca me ha visto. Tú y yo nos conocimos cuando estaba hibernando. —Su voz baja hasta ser un susurro—. ¿Y si no le gusto?
—Imposible. Eres perfecta. —Beso su nariz cubierta de harina. Ella es hermosa, hasta tapada por los desechos de una cocina no cocinada—. Eres inteligente, hermosa, exitosa. Tu empresa está valuada en billones.
—Sí, —suspira—. Pero no puedo cocinar.
—Estás cocinando tres bebés para mí ahora mismo. —Apoyo una mano sobre su barriga redonda. Mi oso puede sentir la vida dentro de ella. Hasta huele a oso.
Me inclino para darle un beso y ella se relaja.
—Tienes razón. Y es probable que esté hormonal.
—Eres perfecta como estás. —Me acurruco con ella y me levanto para tomarla en mis brazos. Tiene unas curvas gloriosas y mis osos bebé hacen que su barriga sea redonda, pero con mi fuerza oso, no es para nada pesada—. Ahora vamos. Dejaremos todo esto hasta que tengamos ayuda.
Ella se muerde el labio y mira el desorden.
—Pero…
—Sin peros, bebita.
—Sí, Papá oso. —Apoya la cabeza en mi hombro.
—Vamos a limpiarte. Nos ducharemos juntos. Y me tomaré mi tiempo.
#
Paloma
El cielo está muy azul sobre la Montaña Osos Malvados para cuando llega la hora de la cena.
Después de una sesión de limpieza de emergencia en lo de Lana, Darius y Teddy pelaron papas y batatas bajo la supervisión de Lana mientras Wren y yo fuimos a la pradera a buscar flores silvestres para los ramos. Después de una horribles fiestas en Lockepoint, tener la libertad de recorrer y pasar el día juntos es un lujo.
Una vez más estamos comiendo afuera porque Everest se niega a cambiar a su forma humana. Darius no ha dicho mucho al respecto, pero sé que él, Teddy y Matthias están preocupados porque su hermano menor se quede tanto en su forma de oso. Supongo que hay un problema con los transformistas volviéndose salvajes y perdiendo la habilidad de volver a su forma humana.
Wren y yo volvemos a decorar la mesa sobre el jardín. Ya casi terminamos cuando un ruido de pum-pum-pum nos hace voltear. Un helicóptero se dirige hacia nosotras. Lleva algo, algún tipo de canasta.
Se acerca más y más, sobrevuela nuestra casa. Las aspas traen correntadas de viento encima nuestro.
—No, —grita Lana Teddy y Darius salen corriendo de la casa, mueven los brazos.
Wren y yo tomamos un mantel adicional y cubrimos la decoración, tapamos todo para evitar que se vuele.
Hutch y Canyon bajan por dos sogas. Ambos llevan faldas escocesas. Juntos liberan la canasta, sin pensar en el ruido y el polvo que levanta el helicóptero.
—¿Qué están haciendo? —Grita Darius—. Salgan de aquí.
—¿Cómo se supone que traigamos la comida hasta aquí? —Responde Canyon gritando.
—Conduzcan como una persona cuerda, —Teddy señala el camino donde Axel estacionó su motocicleta. Cómo trajo Axel el pavo por la montaña sobre la motocicleta, nunca lo sabré.
Matthias sal a la terraza.
—Vayan, —señala. No levanta la voz, pero parece hacer eco y resonar en la montaña. En el asiento del piloto del helicóptero, Bern lo saluda y se aleja. Matthias señala a Hutch y Canyon—. Tú y tú, limpien esto. Y discúlpense con Lana por tirar polvo sobre todo.
—Perdón, Lana, —dicen a coro y se acercan a ayudarnos a limpiar.
Por suerte, evitamos que lo peor del polvo llegara a la mesa con el mantel. Y la canasta gigante está llena de platos de pavo y tartas, suficientes como para alimentar un ejército. U ocho hombres oso, más una mujer oso, porque su mamá, Winnie, vendrá.
—Esta familia, —suspira Lana con una sonrisa.
Wren y yo limpiamos adentro y todos se están sentando cuando volvemos a la mesa. Matthias está a la cabeza de la mesa y a su derecha hay una mujer blanca con unos alocados risos rojos y grises.
Me quedo quieta. Esa es Winnie, la mamá de los Osos Malvados. Es tan pequeña comparada con ellos. Pero por todo lo que escuché sobre ella, su tamaño no importa porque tiene un buen corazón.
—Darius viene a tomar mi mano y me lleva a ella. —Ma, —dice, —ella es Paloma. Mi pareja.
—Ah, mírate. —Winnie se levanta con Matthias cerca por detrás.
Escuché que le dijo a Darius que Winnie estaba bien después de una hibernación tan larga, sana pero débil. Tiene un cuerpo sólido y compacto, pero su rostro es delgado de una manera que me dice que perdió peso recientemente. Pero me abraza con toda su fuerza.
—Bien hecho, Darius, —la escucho decir por encima de mi hombro, y luego me aleja para mirarme—. Ambos, bien hecho.
Ella saluda a Wren de la misma manera, abrazando a mi hermana como a una hija perdida. Le da un abrazo fuerte a Teddy y uno gentil a Lana.
—¿Es verdad? —Winnie se señala su propia barriga mientras mira a Lana.
—Es verdad, señora. Tendremos trillizos.
—Ah, llámame Winnie. O Ma.
Lana llora, creo que las hormonas de los bebés la hacen llorar fácilmente.
—Es un gran gusto conocerte, Winnie.
Y luego Axel y los trillizos salen disparados de la casa, se apresuran para saludar a su mamá.
—¡Ma! ¡Ma!
Ella abre bien los brazos.
—¡Ay, mis niños! ¡Mis niños!
La rodean para darle un abrazo y besos en cada mejilla.
—Se han puesto tan grandes. —Ella le pellizca la mejilla a Hutch—. ¿Se están portando bien?
—Sí. Ahora somos agentes especiales. Como Teddy.
Los ojos de Winnie se agrandan y pone la mano en el pecho.
—¡Ay!
Darius le gruñe a Hutch.
—No le digas eso. La mandarás a hibernar de nuevo.
Winnie se ríe.
—No, está bien, —dice débilmente—. Sólo tengo que acostumbrarme al hecho de que los trillizos crecieron. —Ella pestañea para contener las lágrimas—. Me perdí una parte y eso me mata.
—Seguimos aquí, Ma, —dice Bern.
—¿Entonces no hibernaste porque estabas preocupada porque Teddy se muriera? —Pregunta Canyon.
Darius vuelve a gruñir y pongo mis brazos alrededor de su torso tamaño tronco para apretarlo.
—¿Porque Teddy…? Winnie mira el rostro de Teddy y luego el de Darius con sorpresa.
—¡Por supuesto que no! ¿Eso pensaron? ¡Ay, mis niños! —Ella vuelve a abrir los brazos y a traer a cada uno de los gemelos para darles un abrazo—. No fue así para nada. Sólo estaba cansada hasta los huesos por criar a ocho niños perfectos, geniales. Niños que llenaron mi vida de alegría cada día. —Ella se toma el tiempo de mirar a cada uno de sus hijos con amor—. No sé por qué dormí tanto tiempo. Creo que fue algún tipo de menopausia de osa y sólo tuve que recostarme.
Veo alivio tanto en los hombros de Darius como en los de Teddy. No me había dado cuenta, pero parece que cada uno se culpó a sí mismo por su hibernación.
—Una vez que fui a la cama, no pude volver a levantarme. Pero no, mis dulces niños hermosos. Nunca fue por ustedes. Lamento que pensaran eso.
Noto que Lana se limpia otra lágrima de los ojos. Los míos también me arden.
Una sombra cae sobre todos nosotros. Everest está en el borde del bosque sobre sus patas traseras. Un pájaro negro se posa sobre su hombro gigante. Grazna una vez y sale volando.
—Ven aquí, Everest. —Winnie pone una silla a su lado para hacerle lugar a la cabeza del oso grolar (gris-polar)—. A mi lado.
—Bueno. —Lana se pone al otro lado de la mesa conmigo, Darius y Teddy—. Creo que estamos listos para comer. Matthias, ¿quieres hacer el brindis?
—Un brindis por Lana por ser la anfitriona de este festín. Y por Ma, nuestra invitada de honor.
Winnie mueve la mano.
—Por estar juntos.
—Sí, —estoy de acuerdo. Darius pone su brazo encima de mi hombro y Wren me sonríe.
—Por la familia, entonces, —dice Matthias—. Puede que seamos algo extraños, quizás alocados, que seamos osos malvados, pero somos familia.
—¡Por la familia!

